GOOD CORPORATE GOVERNANCE

Reyes Magos o CEOs sabios

Gobernar el presente para alumbrar el futuro

 

Cada 6 de enero recordamos a los Reyes Magos como figuras sabias. No eran tanto reyes en el sentido del poder formal, sino magos en el sentido de la capacidad de leer su tiempo, interpretar las señales y ponerse en camino hacia algo que estaba naciendo, aun sin certezas ni garantías.

 

Tal vez hoy, dos mil años después, necesitamos recuperar ese arquetipo.  Pero no desde la épica ni la nostalgia, sino desde la responsabilidad profunda que exige el contexto actual.

 

Porque hoy también algo está naciendo.

 

 

¿Quiénes serían hoy los Reyes Magos?

 

Si actualizáramos el relato, quizá hoy los Reyes Magos vendrían de otros territorios:

 

– Un filósofo, capaz de formular las preguntas correctas cuando las respuestas heredadas ya no sirven.

– Un investigador o científico, que explora los límites de lo posible y nos ayuda a comprender la complejidad del mundo que habitamos.

– Y un CEO, con la responsabilidad de convertir visión en realidad, propósito en sistema y valores en decisiones concretas.

 

 

Porque hoy la empresa es, nos guste o no, el principal agente de transformación social.  Y el CEO es quien marca el tono del sistema: qué se prioriza, qué se tolera, cómo se decide y qué futuro se está ayudando a construir.

 

 

El “bebé” que está naciendo

 

El relato de los Reyes Magos gira en torno a un nacimiento.  No es casual.

 

Hoy también está naciendo un nuevo modelo de empresa, impulsado —y tensionado— por las nuevas generaciones (GenZ y millennials) que cuestionan jerarquías, tiempos, lealtades, propósito y sentido del trabajo.

 

Ese “bebé” es frágil.  No viene con manual de instrucciones.  Y necesita líderes capaces de crear contexto, no solo de exigir resultados.

 

Aquí el rol del CEO es decisivo: no como héroe solitario, sino como primer responsable del sistema que permitirá —o no— que ese proyecto empresarial crezca con sentido, coherencia y humanidad.

 

 

Gobernanza: del poder a la custodia

 

En Good Corporate Governance entendemos la gobernanza no como un sistema de control, sino como el arte de alinear poder, propósito y decisiones para crear valor sostenido en el tiempo.  Gobernar no es solo decidir bien.  Es decidir desde dónde se decide, con qué criterio y al servicio de qué futuro.

 

Durante décadas hemos ensalzado al CEO ejecutor: rápido, resolutivo, orientado a resultados.  Ese modelo hoy resulta insuficiente.

 

El contexto actual —incertidumbre estructural, crisis de sentido, disrupción tecnológica, emergencias sociales…— nos pide CEOs capaces de gobernar, no solo de ejecutar.  Gobernar implica:

 

– sostener la tensión entre corto y largo plazo,

– integrar lo económico con lo humano y lo sistémico,

– asumir que cada decisión deja huella,

– y ejercer una custodia temporal sobre algo que no nos pertenece del todo: la organización, las personas que la habitan y su impacto en el entorno.

 

Y todo esto se parece mucho a sabiduría aplicada al poder.

 

 

Gobernar también es atreverse a soñar

 

Hace años escribí una carta a los Reyes Magos (ésta).  Pedía consciencia, responsabilidad, cooperación, empresas al servicio del bien común y tecnología al servicio de las personas.

 

Hoy sigo convencida de algo esencial: los cambios profundos empiezan en la capacidad de imaginar.

 

Pero soñar, en gobernanza, no es evadirse.  Es atreverse a pensar más allá de lo inmediato y propio, y luego diseñar estructuras, culturas y decisiones coherentes con ese sueño.

 

Sin sueño lúcido no hay futuro.  Y sin gobernanza, el sueño se tambalea.

 

 

Un llamado a los CEOs de hoy

 

Esta reflexión es una invitación —especialmente a quienes ocupan roles de máxima responsabilidad— a recuperar el lugar del CEO como figura sabia de nuestro tiempo.

 

A preguntarnos:

  • ¿Qué futuro estoy ayudando a alumbrar con las decisiones que tomo hoy?
  • ¿Qué estoy custodiando realmente?
  • ¿Qué legado quiero dejar cuando ya no esté en esta posición?

 

Desde Good Corporate Governance trabajamos precisamente este tránsito: del CEO centrado en la ejecución al CEO consciente de su rol de gobierno, capaz de alinear intereses, sostener complejidad y tomar decisiones que honren el futuro que dice querer construir.

 

Tal vez hoy no traigamos oro, incienso y mirra.  Pero sí podemos ofrecer algo igual de valioso: consciencia, criterio y coraje.

 

Porque el futuro no se predice.  Se gobierna.  Y quién sabe si empieza con un sueño…

 

Alineando propósito, gobernanza y talento al servicio de decisiones que crean valor sostenido.

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